30 Jun 2015

Desarrollo de Software: Metodología Ágil, Favoreciendo la Gestión del Cambio

 

En el ámbito de las tecnologías de la información, TI, existen diversas metodologías para desarrollar software y llevar a cabo proyectos al interior de diversas organizaciones. La más tradicional de ellas, la pionera y la más utilizada, es la de cascada, denominada así por la posición de las fases en el desarrollo de ésta que parecen caer en cascada -por gravedad- hacia las siguientes fases. Este  enfoque ordena rigurosamente las etapas del proceso para el desarrollo de software, de tal forma que el inicio de cada etapa debe esperar a la finalización de la etapa anterior. Así, al final de cada etapa, el modelo está diseñado para llevar a cabo una revisión final que se encarga de determinar si el proyecto está listo para avanzar a la siguiente fase. Esto conlleva a rediseñar y reprogramar en caso de error, lo que muchas veces dilata y aumenta los costos del proyecto informático.

No obstante, en la actualidad cada vez se está optando más por el desarrollo ágil de software, es decir,  una metodología basada en el desarrollo iterativo e incremental, donde los requisitos y soluciones evolucionan mediante la colaboración de grupos auto organizados y multidisciplinarios. Aunque existen muchos métodos de desarrollo ágil, uno de sus principales beneficios es que  la mayoría minimiza los riesgos, desarrollando software en lapsos cortos. El software desarrollado en una unidad de tiempo es llamado una iteración, la cual debe durar de una a cuatro semanas. Cada iteración del ciclo de vida incluye: planificación, análisis de requisitos, diseño, codificación, revisión y documentación. Una iteración no debe agregar demasiada funcionalidad para justificar el lanzamiento del producto al mercado, sino que la meta es tener una demo sin errores al final de cada iteración, momento en el cual el equipo vuelve a evaluar las prioridades del proyecto.

Esta metodología busca responder a las necesidades reales que se dan en los proyectos informáticos. Muchas veces, dentro de la organización no tienen absoluta claridad de lo que necesitan y con este método es posible descubrirlo en conjunto y paso a paso, con éxitos claros y cortos que posibilitan que toda la organización se involucre más en el proyecto.

Aquí, agilidad no significa desorden, muy por el contrario. Los desafíos se abordan en cada etapa de manera acotada. De esa manera es posible determinar si lo que se busca está siendo trabajado de la forma adecuada o no, considerando además los recursos y las competencias. Así, el usuario va viendo éxitos tempranos, motivándolo a inmiscuirse más y haciendo más simple la gestión del cambio, pues la adopción del sistema final será más paulatina y natural. No habrá resistencia, porque la organización estará expectante la culminación del proyecto que percibe como propio.

Por Álex Lagos, Gerente Comercial de Tecnova

 

Revista Gerencia